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Colonia de Vacaciones en el Centro de Apoyo a Niños y Niñas del Abasto Asunción (Paraguay)
(19/01/ al 17/02/09)

Un aviso en abc color del domingo 18 de enero captó el interés de varios jóvenes – incluso de una mujer! - :: “Se buscan: voluntarios masculinos p/ Col. de Vacaciones”, inicio 19/01/09, en institución .de apoyo a niños y niñas Zona Abasto. Se ofrece pequeña remuneración y perspectiva de empleo fijo posterior. Tel. 502 883 (Sra. Elisabeth)”

El jueves 15 ya habíamos iniciado actividades de limpieza, de arreglo, de últimos detalles de la planificación y preparación. Con mucha curiosidad entramos en el trabajo el lunes. El desafío era organizar la atención a más de 50 niños y niñas de la lista de inscripciones, cifra que aumentó a más de 70 en el transcurso de la colonia. Más interesados en el voluntariado llamaron y fijamos fechas y horarios para entrevistas con ellos. El lunes siguiente el equipo ya se completó, con Gloria y Myrian (las educadoras contratadas), Anna y Laura (pasantes de Alemania); Arno (voluntario alemán) y los cinco voluntarios paraguayos José, Eduardo, Gustavo, Blas y Daniel; y Elisabeth, la directora.
En horario de 8 a 12 h, los días lunes a viernes, fijamos una estructura de tiempos para diferentes actividades, únicas algunas y paralelas, otras:
8-8.15 h llegada
8.15-8.30 o 8.45 h: Ronda
8.45 – 9 h: Desayuno y cepillada de dientes
9-10.30 h: actividades paralelas como p.ej. manualidades, practicar a andar en bicicleta, partidos de fútbol, juegos en el parque infantil, cocinar, armar rompecabezas y materiales Montessori, jugar juegos de mesa, charlar sobre los temas que trajeron de sus casas,…
10.30 h: media mañana y cepillada de dientes
10.45 – 12 h: continuación de actividades anteriores o inicio de nuevas

En la primera semana llevamos a cabo un proyecto muy especial, en el cual todos los niños y niñas tuvieron oportunidades de participación: en la pintada de las paredes y su posterior decoración con diseños de los mismos niños. El resultado está a la vista en las fotos que se adjuntan. ¡Todo luce con un interesante colorido, con distintos diseños creativos y multicolores ya que grupos de niños y niñas,  además de nuestros adolescentes, se encargaron de la decoración de sectores específicos de las paredes.

Trabajamos con pinturas acrílicas, ya que esas se lavan fácilmente con agua. Esa fue una magnífica idea de nuestro voluntario Arno, que tiene experiencias en cosas prácticas.  Porque había salpicaduras en todas partes: piso, cocina, piletas, baños, cabellos, prendas --- no solamente en los delantales y pañuelos de cabeza que se habían rescatado de uniformes de antes para proteger la vestimenta durante el manejo de las pinturas y pinceles. (Los costos fueron cubiertos por una donación destinada a este fin.)

Los nuevos voluntarios aceptaron el desafío y lograron ganarse la confianza de los niños, niñas y adolescentes, siguiéndoles la corriente y participando de buenas ganas de todas la actividades.

El obstáculo del tiempo siempre caluroso y húmedo nos puso barreras para poder realizar actividades fuera del salón.  Las lluvias se habían llevado la capa de arena roja cargada en la cancha solamente meses antes. Amaneció con piedras y basura en su superficie, y con casi nada de arena. El barro húmedo se pegaba por los zapatos. Los varones – porque pocas chicas participaban en los partidos de fútbol -  encontraron la cancha de fútbol del colegio privado al lado sin uso, y el encargado se mostró amigable y les hizo entrar y jugar allá.

La consigna de cada día era vigilar el cumplimiento de las reglas de convivencia y de otras que rigen adentro y fuera del local: de respetarse o de no ser agresivos ni con palabras, de usar las cosas con cuidado, de no jugar a la pelota adentro del local, etc. Para mayor seguridad física de los niños y niñas, tuvimos que crear el rol de “la paloma”, un cuidador que siempre tenía que estar vigilando el camino desde nuestro tinglado hasta la cancha, ya que a las mañanas circulan por la zona los camiones.

Para atender mejor a cada grupo etario separamos las rondas en dos: una de los grandes (10 a 15 años), otra para los que tienen menos de 10 años. Además que preguntamos a cada grupo cuáles eran sus actividades preferidos, y así adecuar las ofertas en los días siguientes. Los niños pequeños hablaron más libremente, nos dejaron saber sus vivencias con más franqueza, cuando pudimos concentrarnos más en ellos. Gracias a la presencia de los voluntarios pudimos darles una atención más personalizada.

Teníamos previsto realizar  en nuestra casa y patio con los niños un poco mayores un pre-campamento, para “probar”, y luego ir por dos días al interior del país a una casa quinta de un amigo. Pero este plan no pudo concretarse, ya que los padres no dieron el permiso, y aún menos a las chicas. En el  Paraguay no se confía a ningún educador varón como cuidador de niñas. Entonces fuimos dos veces a esa misma casa quinta, cada vez por un solo día. Primero con el grupo de los menores de 12 años, luego con el grupo de los mayores de 12. Cada vez invitamos a madres y padres y logramos que algunos/as nos acompañaran. El hito de esos paseos fue el baño en el Río Manduvirá, con cauce relativamente playo y aguas tibias – claro, por el calor!

Deseando jugar con la sorpresa, hasta tres días antes de las fechas previstas, mantuvimos en secreto el lugar a donde pensábamos ir en las tres excursiones. El primero lo hicimos en un transporte escolar al Jardín Botánico y Zoológico de Asunción. Lo que más interesó a los niños fueron los animales del zoológico, y entre esos los monos. Un chimpancé escupió a la multitud delante de su jaula y acertó no me acuerdo a quién, lo que causó sorpresa e indignación. Pero imagínese una multitud delante de la ventana de  su sala observando cada paso que Ud.  hace (y sin haberse inscrito al programa Big Brother!). ¿No le daría ganas de por lo menos escupir a sus observadores? Esa fue la explicación que les dimos, cuando comentaron lo sucedido con “el mono malo”. Los jabalí apestaron demasiado… Pero un cuidador mostró cómo el carpincho se deja mimar, igual que un perro o gato; disfrutando de que se le rasque su lomo y detrás de sus orejas. Y nos dio permiso a hacerle lo mismo. Ese animal tuvo su día especial, con tantas manos cariñosas pasándose en su pelo grueso.
Cuando visitamos la elefanta solitaria en su espacio pelado y pequeño, pobre viejita, alguien se acordó de que ese animal había matado a un niño hace pocos años. ¿Pero porqué? Ese niño había trepado el cerco y la muralla circundante y penetró en el espacio como una visita no deseada. Al menos eso le dió a entender la elefanta, agarrándole con su trompa y lanzándole al suelo, para luego pisarle.
Los niños me estiraron del frente de las casillas de las víboras, protegidas con ventanas de vidrio: “Cuidado que son grandes!”, me dijeron. Se sorprendieron de la masa corporal del hipopótamo, y se asustaron de los felinos. Esos son los animales más desfavorecidos del zoológico ya que tienen que conformarse con jaulas vergonzosamente pequeñas, con cercos de acero y ambientes de hormigón con escasas ramas de árboles adentro.

Una de las actividades más exitosas fue sin duda la confección de instrumentos musicales de materiales reciclados. Por sobre todo los varones mayores se inclinaron tanto hacia los artefactos para marcar ritmos: maracas y tambores; que desde aquel día no se salvó ningún balde, ninguna lata de ser convertidos en tambores. Se gastaron rollos de cinta de embalaje, bolsas de plástico, palos de escobas serruchados en pequeños trozos, y se maltrataron los tímpanos de todos los integrantes de la colonia, porque desde ese día retumbaba el tantarantán de los tambores de las paredes del tinglado… El rataplán - tipo cancha Defensores del Chaco - se convirtió en un verdadero concierto, con ritmos refinados y acertados. Todos los vecinos se deleitaron de él. Los tamborileros nos acompañaron hasta el último día “intra-muros” de la colonia, que fue el día de la pintada de manos para decorar la entrada del salón. Y fue también el día de la fiesta de carnaval que tenía previsto tres diferentes momentos pero que se contrajeron a uno solo: el desfile de los disfraces. Se detectaron unos cuantos talentos cómicos en esta oportunidad: chicos y chicas que no necesitaron más que uno o dos requisitos para convertirse en figuras del circo, de la playa, de la discoteca, de la calle, de la televisión, … Las niñas de 8 años para arriba ocuparon la pasarela para mostrar su baile estilo “Patito Feo”, oportunidad que hace rato habían solicitado. Al final tuvimos que suprimir la batalla de los globos de agua previsto en forma reglamentada afuera, porque antes de su inicio unos cuantos empezaron a tirarse los globitos ya dentro del salón. El caos era previsible, entonces  cerramos la llave de paso del agua y les despedimos, no sin haberles ocupado con tareas de arreglo del ambiente.

El último día de la colonia se realizó “extra muros”: fue el paseo a Arroyos y Esteros, de los niños mayores y adolescentes, con un tiempo calurosísimo. El lugar fue una antigua casa de familia, amplia y cómoda, al lado de una antigua fábrica de caña – ahora fuera de uso – con una altísima chimenea. Al llegar a la mañana, algunos niños y niñas me solicitaron una sola actividad: fue un recorrido alrededor del estanque de agua donde observamos camalotes, huevos de ranas pegados por tallos y ramas caídas al agua, bandadas de renacuajos, mosquitos y algunos peces saltando, y ninguna víbora, ningún cocodrilo… Almorzamos sopa paraguaya que habíamos traído de Asunción y panchos, con ensalada. Después no había más paciencia para esperar: tuvimos que ir al río, a pesar del calor de mediodía, pero por suerte el cielo se cubrió de nubes. En el balneario Piro-y hay baños, cambiadores y duchas. Es el mejor lugar para disfrutar del Río Manduvirá. Había crecido  mucho durante estos 12 días que habían pasado entre el primer paseo y este, porque habían caído lluvias fuertes en toda la región oriental - para felicidad de los agricultores. Todos disfrutamos muchísimo de ese día. Antes de abordar el ómnibus para la vuelta a Asunción, realizamos la despedida a los cinco voluntarios varones.

La despedida entre educadores se había realizado el día anterior, con un asado en casa de la familia Gavilán,  que se  prolongó hasta las cinco de la tarde, debido a  tantos interesantes temas tratados al final del almuerzo. Este encuentro fue posible gracias a una invitación de parte de los señores Schmitz quienes de esta forma agradecieron en nombre de la ProParaguayInitiative a los voluntarios y al equipo completo por los esfuerzos realizados para brindar una linda experiencia a niños, niñas y adolescentes del Abasto.

 
 
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