English
Español
Deutsch

 
 

Experiencias

Visita a Paraguay de Myroslava Mykytyn

Siempre me fascinó la idea de viajar por Suramérica. Quería ser pediatra y mi sueño es trabajar allá, aunque nunca la visité. Sabía que tuviera que explorarla por fin, y mi plan fue ser voluntaria en una organización para ganar experiencia en este campo.

Mi padre es miembro de Subud y sugirió que busque oportunidades de voluntaria con Susila Dharma. Después de haberme puesto en contacto con muchas organizaciones en Suramérica, conocí a Elisabeth Gavilan en Paraguay. Ella, muy generosamente, me invito a su casa a conocer a su familia y trabajar con ella en un centro de niños. Ella es la directora de una organización Vida Plena en Asunción, la capital de Paraguay. Sus esfuerzos son fijados a ayudar a niños pobres en el mercado más grande de la ciudad, el Mercado de Abasto. Allá los niños tienen la nutrición, la ropa básica, atención médica y apoyo escolar. Sobre todo, Elisabeth les da un ambiento amoroso para que puedan alcanzar su potencial y para tener refugio en que puedan aliviar el estrés diario impuesto por la familia y la escuela.

Como estudio ciencia en la Universidad de Ottawa, Elisabeth me preguntó si me gustaría enseñar un poco de biología a los niños. Yo acepté contentamente y comencé a buscar donaciones de microscopios, varios equipamientos científicos, y libros de niños también. Viajé a Paraguay con una maleta llena de material científico; se puede imaginar cuanto interés tenia la aduana cuando pasé la frontera.

Cuando llegué, todo me conmocionó mucho, especialmente ser una minoría visible, necesité mucho tiempo para acostumbrarme con el ambiente. Estaba abrumada al principio porque había tantos niños que hablaban demasiado rápido que casi no les entendí. El centro está en el mercado, una zona industrial, donde no se supone encontrar una escuela, pero realicé que ése en un lugar donde se necesita lo más. La mayoría de los niños viven directamente en el mercado donde trabajan sus padres. Su actividad principal es el fútbol. Muchos están descalzos y jugando en un terreno donde hay vidrio, pero cuando caigan, se levantan sin lágrimas y continúan. Estos niños son muy fuertes.

Pero, admito que al principio miré mi microscopio y pensé que esto es la última cosa que ellos necesitan ahora. Pocos tenían buenos zapatos ni una campera para no enfriarse, y me ocurrió que ellos tenían otras prioridades. Pero igual, introduje todos los materiales poco a poco: los binoculares, las gafas, libros, cubetas, tubos de ensayo, bolígrafos, marcadores, y finalmente los microscopios. Todo se pasó excelente, aunque primero algunos tenían dificultades para compartir, pero al fin aprendieron como apreciar el material. Mientras comencé a sentirme unida a los niños, tratando de aprender todos sus nombres y sus gustos.

Cada día fue una mezcla de actividades. No planifiqué una lección estricta para ellos, pero dejé que su curiosidad dirija su aprendizaje y yo solamente tenia que guiarles un poco. Algunos días solamente leimos libros y otros días jugamos en la cocina todo el tiempo cocinando postres deliciosos en el horno.

Los microscopios trajeron cambios que yo nunca supusiera. Muchos niños tenían piojos, y entonces obviamente los insectos eran lo más interesante para investigar a través del ocular. Comenzaron a buscar objetos para examinar, como otros insectos, la piel de cebollas, hojas, y pelo. Lo que me sorprendió más es que aún los niños más rebeldes fijaron toda su atención al microscopio y empezaron a enseñar a los otros niños. En este momento importante me di cuenta que los niños solamente necesitan la oportunidad, y solo hay que darles eso lo más posible.

Un niño que se llama José, tiene 10 anos, se desarrolló en fotógrafo muy entusiástico porque le presté mi camera durante el día. Otra niña, Shayla, es una artista fenomenal; ella solamente necesita de papel blanco y un marcador. Marcelo casi nunca sonrió, pero cuando vió su propio piojo debajo del microscopio, el se rió. Jessica es una cocinera magnífica; ella ayudó a los otros niños en la cocina cuando estuvimos preparando el almuerzo para todo el grupo. Todos tienen una capacidad muy especial, aunque no se descubrió de todo, creo que un día la van a encontrar.

Durante mi visita, mejoré mi español muchísimo y aprendí un poquito de Guarani, el idioma indígena, porque los niños me enseñaron y yo les enseñé un poco de inglés. Al fin, me encanta la cultura paraguaya muchísimo; la gente, los niños, es la parte mejor. Estos tres meses son los más importantes de toda mi vida, nunca los olvidaré.

 
 
Email vidaplena[at]tigo.com.py, Tel./Fax 502 883, 0982/751272